Guía sobre gestión de personal: ¿qué es y como implementarla?

Todas las empresas saben que hoy en día la gestión de personal, es decir, de los trabajadores implicados en los procesos productivos de la organización, es un factor clave y diferencial a la hora de concretar los objetos propuestos. ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla. 

Las organizaciones son entes vivos que, si bien adquieren una forma propia y determinada en el devenir del tiempo, al fin y al cabo, están compuestas por personas. Y esta, aunque evidente, es una realidad insoslayable cuando de gestionar personal se trata. 

Ahora bien, podríamos pasarnos años debatiendo sobre la naturaleza empírica de las organizaciones, pero no es el tema por el cual hemos llegado hasta aquí. 

La gestión de personal es, en sentido lato, la forma en que un líder o sector empresarial es capaz de encausar la energía laboral y humana (emocional) de los trabajadores de una organización. En palabras más sencillas: cómo organizar tu equipo de trabajo, su tiempo, sus tareas y sus sentimientos corporativos para cumplir a término y con el mayor éxito posible los objetivos trazados a corto, mediano y largo plazo, claro está.

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  2. Las organizaciones y las personas 

Para comprender la gestión de personal como es debido, primero es necesario que volvamos unos pasos hacia atrás, en dirección hacia cómo es que interactúan los equipos y los colaboradores con su entorno más próximo. Sin entender la dinámica del intercambio y lo que representa, es verdaderamente muy complejo poder llegar a abordar la gestión del personal como un todo para generar un círculo virtuoso. 

Por empezar, debemos decir que cómo las organizaciones son capaces de implicar a sus colaboradores es un factor fundamental. La “implicación” es un concepto rector en todo lo que hace a la gestión porque nos habla de cuánto están dispuestos a dar de sí los colaboradores. No solo en tiempo operativo neto, sino y sobre todo, en el campo emocional. 

Esto no es un secreto, sabemos que cuando cualquier persona hace lo que hace con ganas y convencida, es capaz de correr los límites más allá de lo establecido. Lo mismo sucede con los equipos, pero como es de esperar, si tratar con una sola persona puede ser difícil, con varias muchas más y el desafío de encontrar el equilibrio puede tornarse cuesta arriba. 

  1. Equipo: el todo es más que la suma de las partes 

Empecemos con un ejemplo muy simple. Cuando realizamos un deporte o una práctica grupal (la que desees imaginarte) y tenemos que integrar una de las partes de la competencia, lo más común es que elijamos aquella en la que están los competidores más aptos y capaces. Pero es sabido que esto no asegura el éxito porque las individualidades muy talentosas, a menudo, son incapaces de integrarse de manera sistémica a un organismo en funcionamiento. 

Por el contrario, suele suceder que cuando en un equipo las individualidades lograr asumir su ROL con responsabilidad y compañerismo (aunque no sean los mejores en sus puestos), el sistema que logra conformarse es mucho más compacto porque cada uno lucha por sí mismo y por su compañero, y por ende, por el objetivo global. Este fenómeno ha sido larga y bastamente estudiado por la escuela psicológica de la Gestalt y es la base sobre la que se asientan las organizaciones y los nuevos modelos de conducción. 

  1. Implementación, cómo pasar de la teoría a la práctica

El verdadero salto cualitativo de las personas, los líderes y las organizaciones es cuando logran aplicar los conceptos adquiridos en la propia realidad diaria. Sin embargo, la práctica es la rectora de todo y la que nos marca la pauta de dónde tenemos que ir equilibrando.

Algunos conceptos claves que es necesario tener en cuenta para gestionar equipos de manera adecuada y en relación a los objetivos empresariales (o de cualquier organización) son:

Rol(es): dentro de una estructura conformada por varias personas, es totalmente necesario que todos y cada uno tengan muy en claro por qué y para qué están allí. Y en esto hay que ser muy claro si eres tú el líder. Que cada quién sepa en qué puede aportar y desplegar su potencial. Al final, todos queremos sentirnos útiles cuando termina el día. 

Comunicación horizontal y receptiva: ¡Oye, si eres el líder y crees que por serlo sabes al dedillo cómo hacer cada cosa, frena en este mismo instante! Estás a punto de perder tu equipo. La comunicación es fundamental y cómo lo haces aún más. No solo mantener las conversaciones (en sentido organizacional), sino de qué forma generas canales para retroalimentarse entre todo el equipo. Y por supuesto que todos los trabajadores sepan cuál es la dirección, hacia dónde se dirigen con cada tarea. 

Objetivos claros: nadie puede realizar con éxito una tarea que no sabe para qué se realiza. Por eso, ser claro con los objetivos es fundamental. Porque permite obtener el máximo potencial de cada uno y optimizar las horas hombre. 

Visión macro: Podemos tener los objetivos específicos claros, pero a qué puerto queremos arribar es muy distinto. La visión macro trata sobre cuál es el objetivo final de la organización en cuanto a su cultura, a su visión y a qué valor quiere generar. 

Equipo: los equipos son los que marcan la diferencia por sobre las individualidades. Y los buenos equipos son los que generan valor. Y para eso, la implicación emocional con el grupo y la organización es lo que te va a dar el salto de calidad. 

  1. Gestión de personal: gestión de personas

Como hemos visto, gestionar personal no se trata de un concepto abstracto y vacío. Por el contrario, es un proceso colaborativo, horizontal y transparente entre personas, en el cual un área o encargado encausa las capacidades y las expectativas laborales de un equipo. 

Por eso, si has llegado hasta el final de esta nota y has sido capaz de absorber los conceptos vertidos, estamos seguros de que será de gran ayuda a la hora de volver a la oficina, establecer tus objetivos prioritarios y secundarios, y dirigir el nuevo proyecto.